Mapa de migrante

Entrar a restaurantes en la CDMX y algunos otros estados de México implica la posibilidad de encontrarse con el sello de Alejandra Medina en el interiorismo. Ella es una mexicana excepcional: comenzó trabajando piezas para hoteles y hoy se dedica a crear espacios donde la gente se sienta bien y quiera regresar.

En entrevista, nos contó hace poco sobre la ingeniería secreta que hace que ames estar en un restaurante y no en otro.

Alejandra Medina

Alejandra Medina, interiorista especializada en diseño de restaurantes.

 

Por Isis Malherbe

Con unas cortinas gigantes: así empezó todo para Alejandra Medina

Hoy, el trabajo de un interiorista de restaurantes va mucho más allá de hacer un sitio bonito. Su trabajo consiste en pensar cómo se va a sentir la gente dentro del lugar, cómo va a convivir, comer y recordar ese momento. Cada detalle, desde la luz hasta los materiales y la distribución, influye en la forma en que se vive un lugar.

En un momento donde hay tantas aperturas en México, el diseño se ha vuelto más que nunca una parte clave en la industria de la hospitalidad.

Alejandra Medina empezó su carrera de interiorismo en Cancún, haciendo unas cortinas gigantes de 6 metros para el Hotel Dorado Royale. Hoy, sitios multipremiados en la CDMX como los restarauntes Migrante, Taco Tasting Room, Pargot, Eloise e Iddi’s Bakery, son obra suya.

Alejandra Medina

Tras volver inicialmente de Cancún a la capital mexicana, asegura que lo único gastronómico en lo que estaba involucrada era un blog que hacía con su amigo José María Alba y que se llamaba Gusto Buen Vivir.

Desde entonces empezó a fijarse mucho en los platos, en la forma en la que estaban montados, así como en los espacios y los detalles de cada lugar. Siempre se preguntaba cómo habían pensado cada elemento y por qué usaron cierta forma, textura o material. Analizaba todo, como si cada platillo y espacio escondieran una lógica que necesitaba entender.

Esa curiosidad la fue llevando cada vez más cerca del interiorismo gastronómico.

Una trayectoria con muchas paradas

Uno de los primeros chefs con los que trabajó Medina fue Ernesto Aguilera, quien estaba en la misma calle donde se encontraba la chef Gaby Ruiz con Gourmet MX, en Tabasco. Con ambos pudo conocer la cocina tabasqueña y recorrer lugares importantes que le dieron muchas experiencias de las que luego echaría mano.

Medina me contó que todo empezó de una forma muy casual.

Un día, un chef le dijo: “Oye, pero tú eres periodista”, y ella le respondió que no, que en realidad era diseñadora de interiores, aunque le gustaba mucho la gastronomía. A partir de eso, varios chefs comenzaron a buscarla para que diseñara sus casas. El primero fue Abel Hernández; después, Zahie Téllez. Con el paso de los años, ellos la llamaron para que hiciera lo suyo con sus restaurantes.

Mente creativa

Medina explica que ella nunca diseña para sí misma. Su trabajo no parte de una idea cerrada, sino de escuchar, interpretar y traducir en un espacio lo que la persona con la que trabaja, quiere contar. Su manera de diseñar no consiste en imponer su estilo. A Medina le gusta diseñar contando la historia de los demás.

Algo en lo que se enfoca es en que los materiales y elementos sean orgánicos. A partir de ahí, empieza a imaginar cómo se recorrería el lugar.

Para ella, eso es muy importante. Debe conocer el espacio y entender tanto sus cualidades como sus desaciertos, para optimizarlos al momento de diseñar. Al final, los puntos débiles se tienen que transformar en algo mucho más valioso dentro del espacio.

Al comenzar a desarrollar restaurantes, descubrió que el nivel de complejidad era considerable. Hacer un restaurante, dice, es casi como entrar a una especialidad médica: todo debe estudiarse a fondo, entenderse bien y resolverse con precisión.

Planos

La interiorista apuesta por materiales orgánicos y decisiones que perduren más allá de tendencias.

Mitote

Para Alejandra Medina, un restaurante no solo se ve, también se recorre, se habita y se recuerda.

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Diseño

Alejandra Medina entiende el diseño como una forma de hacer sentir bien a quienes habitan un espacio.

‘Migrante’ y la metodología del proceso

Para Medina, un restaurante debe sentirse cómodo, verse bien y hacer que la gente quiera quedarse más tiempo. Como ejemplo me puso a Migrante, un lugar que al inicio era frío y húmedo, porque estaba en la parte baja de un edificio en remodelación.

Para él, buscó elementos que le dieran calidez. Empezó por el piso, con una madera para climas más cálidos, y después agregó materiales como el ladrillo, para dar un toque mexicano, en sintonía con la cocina del chef, que fusiona técnica japonesa con ingredientes nacionales.

También me explicó que, cuando diseña, busca que un restaurante no dependa de modas pasajeras. Medina prefiere crear espacios que sigan funcionando con el tiempo y que tengan detalles que les den identidad propia.

A veces ese detalle puede ser una celosía, un muro trabajado de forma especial o algún elemento que haga que el lugar se quede en la memoria.

Además de la estética, piensa mucho en que el espacio sea funcional. Le importa que la gente pueda moverse con libertad, que haya accesibilidad y que cada mesa tenga sentido según la situación: ya sea una comida de trabajo, una cena o una reunión más privada. Para ella, diseñar un restaurante también implica imaginar cómo se ve habitado.

Alejandra Medina

Alejandra Medina, interiorista

Migrante

En Migrante, la decoración se pensó para dar calidez a un espacio que al inicio se sentía frío y húmedo.

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La iluminación como elemento central del diseño

Es uno de los aspectos más importantes de todo proyecto. Para Medina, la luz define el ambiente, guía la atención y cambia por completo la sensación de un lugar. No es lo mismo la luz intensa y fría de un hospital, pensada para mantener alerta, que una iluminación más tenue, diseñada para hacer sentir a la gente relajada y cómoda dentro de un restaurante.

Me dijo que, en un restaurante, la iluminación también lo cambia todo. No basta con tener una luz cálida que haga sentir cómodo al comensal; también es fundamental contar con una luz puntual, dirigida justo a lo más importante de la mesa: el plato.

Más allá de las paredes, los cuadros, las esculturas o los objetos decorativos, para ella la verdadera obra de arte está en lo que llega para comerse y beberse.

Los elementos del espacio pueden ser preciosos a la vista y ayudar a crear ambiente, pero al final lo que realmente se queda en la memoria es el sabor y la forma en que se ve por primera vez. La vista y el gusto trabajan juntos. Por eso, una buena iluminación sobre la comida logra que un plato se vuelva inolvidable. Sin una buena luz, esa emoción inicial no se siente igual.

Fachada de un restaurante

Para ella, un buen restaurante se define por cómo hace sentir a las personas desde el primer momento.

Loretta

La luz, los recorridos y la distribución son claves en su manera de diseñar espacios gastronómicos.

Errores comunes de los espacios que buscan proyectar elegancia

La experta me explicó que muchas veces se piensa que la elegancia en un restaurante depende de cuánto dinero se gasta para dejarlo perfecto, y ahí es donde suelen aparecer varios errores. Uno de los más comunes es destinar gran parte del presupuesto a objetos costosos, muebles llamativos o detalles que se ven lujosos, creyendo que eso por sí solo hará que la gente quiera ir.

Pero no siempre funciona así.

La elegancia no está en comprar lo más caro, sino en saber usar bien el dinero. En un restaurante, lo importante no es cuánto se gasta, sino cómo se piensa el lugar, cómo se cuidan los detalles y cómo se hace sentir bien a la gente. Con un presupuesto bien usado se pueden lograr cosas muy bonitas sin gastar de más.

Pujol es un buen ejemplo de elegancia sutil. Es un lugar sobrio, con una luz suave y sin excesos. No todo tiene que brillar ni verse llamativo. El dorado, por ejemplo, debe usarse poco y con cuidado.”

La primera impresión con un restaurante

Medina me dijo que una de sus amigas diseñadoras siempre dice que una buena impresión solo se tiene una vez en la vida y en un restaurante eso pesa mucho. La primera vez que una persona entra al lugar puede definir todo. Puede afianzar la formación de un cliente habitual o de alguien que solo irá una vez.

Ella cuenta que una de las partes más importantes en el diseño son los recorridos, desde que entras por la puerta, hasta que te sientas a la mesa o caminas al baño. En esos segundos, el lugar ya está hablando por sí solo.

Las barras no deben verse saturadas ni con demasiadas cosas detrás. Lo ideal es que todo se vea limpio y ordenado. Los pasillos también deben ser amplios y cómodos, para que las personas puedan moverse sin problema.

Comentó que le gusta diseñar lugares con cocina abierta, porque disfruta ver a los chefs cocinar. Para Alejandra, esa escena también le da vida al restaurante. Ver el movimiento de la cocina, la preparación de los platos y el trabajo del equipo genera cercanía.

Por eso, le da cierta tristeza cuando le piden diseñar espacios donde la cocina no se vea. Considera que, al ocultarla, se pierde una parte importante del lugar. Para ella, la cocina también forma parte del alma del restaurante.

Platicó que Iddi’s tiene algo muy bonito. Aunque la pastelería está atrás, abrieron una ventana para que la gente pudiera ver a la chef haciendo los pasteles por la noche. Eso llama mucho la atención. Pasas por ahí, la ves trabajando y te da antojo, asegura.

Es un detalle simple, pero funciona muy bien porque hace que la gente se sienta más cerca de lo que pasa dentro del lugar.

El Wine Bar del Concurso Mundial de Bruselas tiene una ventana hacia la cocina, eso permite ver parte de la acción y en Pargot también se ve la cocina y es bonito ver los procesos antes de que lleguen a la mesa. En Eloise no se ve la cocina pero la barra central se vuelve el punto principal del espacio”

Muchas veces el problema también es la falta de mantenimiento. Un restaurante abre impecable, pero si a los seis meses no lo han pintado ni cuidado, todo cambia.

Loretta

Cada proyecto representa una historia distinta que se construye junto al chef y su propuesta culinaria.

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El cariño que se queda en cada proyecto

Alejandra asegura que cada proyecto termina teniendo un lugar especial para ella. Hay restaurantes que les tiene mucho cariño, porque en cada uno dejó parte de su esencia. Por eso, cuando un lugar que diseño cierra le da nostalgia. Uno de ellos fue Pascal y le dio mucha tristeza, porque era un lugar que le encantaba.

Me contó que uno de los proyectos que más trabajo le costó fue el del Concurso Mundial de Bruselas. Primero, porque al inicio le dijeron que sería un espacio de 300 metros cuadrados, pero al final terminó siendo de 900. Eso cambió por completo la dimensión del proyecto.

Además, ella nunca había diseñado un wine bar, así que tuvo que estudiar mucho. Se metió de lleno a entender ese mundo, a investigar cómo funciona y qué necesita un espacio así. Además le avisaron que arriba iba a estar una escuela de sommeliería y tenía que adaptar ambos proyectos en uno.

Migrante también le parece un lugar muy especial, aunque también fue uno de los proyectos más complejos.

Desde el inicio, la intención fue crear un espacio que contara una historia y se sintiera cuidado en cada detalle. Para lograrlo, trabajaron un mapamundi tallado a mano, en un proceso artesanal que involucró a muchas personas. En cada decisión, desde la barra hasta los elementos del espacio, buscó construir una atmósfera con sentido y personalidad.

Pascal

El diseño de Pascal reflejaba un espacio íntimo y bien pensado, donde cada detalle aportaba carácter y una atmósfera muy personal.

En cada proyecto, ella demuestra que el interiorismo en restaurantes va mucho más allá de la estética. Su trabajo parte de escuchar al chef, entender el espacio y cuidar cómo se sentirá cada persona al entrar. La luz, los materiales, los recorridos y la cocina visible forman parte de un mismo entorno.

Parggot

En Pargot, el diseño permite ver parte de la cocina y acercarse al proceso antes de que el plato llegue a la mesa.

Pargot

En Pargot, el diseño se pensó para acompañar la cocina y dejar ver parte del proceso antes de llegar a la mesa.

Pargot

Pargot fue uno de los proyectos más especiales para Alejandra Medina, por su historia, su arquitectura y el cuidado en cada detalle.

Para ella, un restaurante debe ser cómodo, funcional y capaz de quedarse en la memoria. Más que seguir tendencias, Alejandra Medina busca crear lugares con sentido, calidez y personalidad. Al final, el diseñar también es una forma de acompañar la manera en que la gente convive y recuerda.

Yo solo quiero viajar por el mundo y conocer a mucha gente de distintos ámbitos, aprender de nuevas culturas y todo sobre su gastronomía.

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